miércoles, 24 de mayo de 2006
Publicado por Abuela.Jemela @ 23:26
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CAPITULO I

Si lo que deseas es lo que quieres ver realizado, es difícil que ambas cosas coincidan, pero cuando lo consigues sientes la plenitud de lo realizado y el orgullo de lo conseguido.
Pero si consideras que puedes seguir alcanzando metas, para tí o tus descendientes, es lo que te anima a seguir luchando, aunque haya como siempre quien considera que sus metas o sus ideas son las válidas, siempre hay diferentes puntos de vista, aunque sea del mismo árbol, de la misma cosa o persona.
En estos y otros pensamientos me encontraba inmerso cuando, mi animo se ensanchó y llenó de gozo al ver retozando cual corderillo cuando corre y salta de alegría, al enano de la familia, al más grande por pequeño, al más alegre y juguetón de mis descendientes.
Ahora en pocas décimas de segundo recorría mi memoria por la pendiente de la vida, cual fugaz soplo que había pasado ante mí. Cuantas veces te decías y te decían, tienes toda la vida por delante para esto o para lo otro, minuto tras minuto, hora tras hora, día tras día, semana mes, año tras año. Lo poco que tarda en pasar un minuto, pero uno tras otro, cuando piensas en los que tiene el día, los que tiene la semana... uf.. cuantos, si los tuviera que ir contando, pero cuando ya pasaron, que rápido lo hicieron... parece mentira, tan cortos y tantos y... tan rápidos, pues anda que los días ... caen con la rapidez de los minutos, sí tan rápido como los minutos.
Cuando eres joven, todas las metas se ven en la lejanía, in imaginarias, cuando llegaré a esto o a lo otro, la mili, el trabajo, me casaré o no me casaré la casa que tendré, los hijos, que raro me suena, mis hijos... pues no está lejos todo eso, que equivocación, todo eso y más está a la vuelta de la esquina, ahí mismo, cerquísima, si se compara con el resto de la vida, das dos pasos y ...cielos, todo se ha hecho realidad, pero una realidad personal, ya no hay tantos ideales utópicos, ya estoy luchando por la realidad, por el día a día, por el futuro de tus hijos, que ya están en puertas...ahora ya lo ves ahí y te afanas por preparar el camino a los que vienen detrás.
Ya no valen lamentos, si yo hubiera hecho esto o lo otro, si me hubiera preparado mejor, o si hubiese tenido mejor suerte... esa suerte se labra cuando uno se prepara para la vida a través de los estudios, las experiencias, o las vivencias personales, unido a los consejos que nos dán los mayores, claro que todo si no cae en saco roto, y se tiene un poco de perspectiva hacia adelante y paciencia, un poco de paciencia, mirándote como en un espejo a través de cualquiera de mis ascendientes, mi Padre, mi Madre o mis Abuelos, como ejemplo de cómo ellos han vivido o viven y de como me gustaría vivir a mí, aunque sea con el tópico de siempre, formar una familia, agenciarme una vivienda, realizándome en mi trabajo, si es que encuentro algo que me chifle, que me llene y si encima pueda vivir de ello, sería una ilusión, pero porqué no puede ser una realidad?. solo tengo que forzar un poco la máquina, y hasta es posible que lo consiga, aún aunque no llegue, si me dará la preparación como para defenderme en la vida con la suficiente soltura, como para verlo más o menos rosa, con espinas, como es de ley, una buena y bonita rosa conlleva las desagradables espinas, es la única realidad.
Un consejo que no se me olvida, de mi Padre, es bueno saber un poco de todo, nunca se sabe dónde va a terminar uno ganándose los garbanzos, pero si te preparas para algo, no me importa lo que sea, aunque seas albañil, cura secretario o pastor, a lo que te dediques , sé bueno en lo que elijas, sé el mejor.Este mismo consejo, supongo, se lo diría yo algún dia a mis hijos cuando llegase la ocasion, en su día seguro que mi Padre lo habría recibido del Abuelo.
La vida es muy dura, para unos más que para otros, pero sin duda el que mejor perpesctivas tiene, es el que mejor se preparó cuando tuvo su oportunidad para éllo, cómo se lamentan mis Abuelos, pue yo aprendí a leer y a hacer las cuentas a al luz del candil de aceite que teniamos en casa, a la escuela fuí hasta los diez años, luego tenía que ayudar a mi Padre o a mi Madre a las labores propias de la época, atender a los animales o ayudar en los trabajos del campo, eran dos incipientes brazos más para ayudar, qué duros eran aquellos tiempos, sí viviamos, pero cómo viviamos...eramos esclavos de nuetra propia mesa, de nuestra despensa y muy poquito más, quizás un simple capricho en alguna fiesta sonada del año, unos refrescos o unos caramelos de azucar frita cuando era más pequeño...
Que añoranzas de la niñez o de la pubertad, pero que realidad más cruda...,desde pequeños trabajando, sin más recompensa que poder comer todos los días y de lo que había, de lo que daba la tierra, de lo que se había sudado para conseguirlo, no había lugar para caprichos u otras zarandajas.
Reflexiones del Abuelo, sin pasar por las picarescas historietas contadas por él mismo a los nietos, cual cuento que se narra a los más pequeños, pero que eran o habían sido realidad, un poco adornadas, ensalzadas, empequeñecidas o agrandadas, para dar mas realce al relato, que escuchábamos boquiabiertos al calor de las brasas de la lumbre en las largas tardes de invierno. Abuelo cuéntame cuando le diste la vuelta a la piel del lobo cundo venia con la boca abierta...
era una de tantas. Que imaginación más llena de sobresaltos y aventuras, y de propia voz, se supone que del propio protagonista del relato, que veracidad ponía en las escenas, a menudo soñábamos con las mismas esa tarde contadas...Qué sabiduría, la misma que da los años transcurridos cuando se está en el ocaso de la vida, que entereza y que frescura en los mismos, parecía que habían ocurrido hacía unos días.
Algunas veces el relato se cortaba y el Abuelo se quedaba eclipsado en las brasas, como pensando largo rato... el nieto le interrumpía, Abuelo sigue... que no se ha acabado..., calla niño que ya es tarde y mañana hay que madrugar, a la cama..., y seguía inmerso en sus pensamientos y recuerdos.